
Nora Burgos fue la profesora más notable de la Facultad de Letras. Nadie pudo olvidarla. Le encantaba hacer que sus alumnos recorriesen desde el principio hasta el final del lenguaje en cada concepto, en cada teoría.
Fui su ayudante de cátedra durante los últimos años, y aunque solía proponerle temas con la metodología autorizada para la toma de exámenes, ella siempre impuso su criterio. Muy pocos llegaban a graduarse después de rendir docenas de veces su materia.
Nora Burgos era una mujer atractiva aunque formal, usaba el cabello recogido, trajecitos clásicos y una sonrisa fresca la acompañaba siempre. Jamás decía una palabra que no fuese absolutamente necesaria. Sólo en ciertas ocasiones, cuando dictaba sus clases, se sumergía de tal forma en la perfección del idioma que por minutos se perdía dentro de él.
Yo trataba de ayudar a los alumnos que, cansados de acumular aplazos, terminaban por odiar la carrera. La recuerdo mientras hablaba, se paseaba delante del pizarrón, desde una pared hasta la otra, siempre mirando el piso, con su mente internada en mundos laberínticos, desconocidos. Miraba mi reloj mientras el aula iba vaciándose y entonces la llamaba, le decía: terminó la clase, Nora, Nora. La nombraba varias veces, casi gritaba hasta lograr que se ubicara en el tiempo y el espacio.
El Secretario Académico y un grupo de antiguos docentes de la Facultad, preocupados por la deserción estudiantil y las quejas de los alumnos, intentaron hacerle reflexionar sobre sus exigencias. Ella, impecable, con un discurso de largas horas, expuso sus razones y finalmente todo siguió igual.
No olvido ese otro día en que llegó eufórica. Me confesó que investigaba la extensión de la palabra, hasta cuales puntos se podría avanzar antes de llegar al silencio. Después la vi, juro que la vi y también la oí. Sentada sobre un sillón con ruedas, dejaba colgar brazos, piernas y balanceaba todo el cuerpo al ritmo de su voz. Una danza ilusoria la llevaba por las ondulaciones de la o, la interrupción de una coma, por el sobresalto de la be larga, mientras un coro fantasmal la acompañaba.
Más tarde, estuvo ausente algunos meses. Yo debí asumir la responsabilidad de la cátedra. Continuamente trataba de comunicarme con Nora, pero no respondía ni al teléfono ni al timbre de su casa.
Volvió un lunes de setiembre sin aviso previo. Se presentó en el aula al comienzo de la clase. Entró levemente, iba descalza, la cabeza en alto como siempre, el cuerpo cubierto solamente con un camisón ancho y transparente, su pelo suelto era como un torrente dorado cubriéndole la espalda. Cuando los alumnos la vieron casi se desmayan. Saludó con un gesto parecido a la sonrisa y sin esperar respuesta nos ofreció su lección insuperable.
He descubierto la actividad interna del lenguaje, dijo. He llegado a espacios virginales y los he poblado con parejas fértiles de palabras. Igual que antes, caminaba desde un extremo al otro, mirando siempre hacia el piso. De pronto advertimos que sus pies no tocaban las baldosas, iba y venía por sobre las ondas emisoras de su voz. El camisón y el pelo larguísimo y dorado le flameaban como si un viento imperceptible a nuestros ojos los guiara desde siempre.
Yo soy palabra, dijo, y no hay palabra igual a mí. Hablo a través de una palabra y enmudezco atravesando otra palabra. El lenguaje es una gran isla escabrosa, abarrotada de voces peregrinas, ninguna igual, ninguna total y diferente.
Las palabras suelen salir a los mundos en caravana, armadas de frases de conquista. Adelante van las guías, las no dichas, las futuras, ellas prescriben el universo.
Deambulaba por encima de nosotros, por el sitio libre trazado entre nuestras cabezas y el techo.
Y no hay blancos impenetrables, dijo, cruzamos la hendidura de la mente y unimos los abismos.
¡Ahora, vamos futuras! Abrazaremos el corazón del silencio, compartiremos sus trazos y sus signos.
Fundaremos el idioma integral y absoluto.
Y Nora Burgos, radiante, sublime, mágica se disolvió en el aire.

7 comentarios:
Gracias por tu visita, Nora. Y si hay una clave del silencio expresivo debe ser enamorarse del lenguaje, no de la palabra. Te mando fuerte abrazo.
Creo que Nora primero se enamoró del lenguaje, luego comenzó a adentrarse en la palabra y consecuentemente en los silencios. Porque, ¿no es eso el lenguaje, palabra y silencio?
Creo en una gran obsesión de Nora llevándola a la locura –o al más allá para seguir buscando la perfección del lenguaje.
Repito, todo eso lo creo, aunque no podría asegurarlo. Yo (Ayudante de Cátedra de Nora Burgos) sólo cuento lo que viví.
Gracias muchas, Gabriel, por varias cosas: a) por responder la visita. b) por escribir como escribís. c) por llamarme Nora. Es cierto, (yo, Ana) amo la palabra, pero no de igual manera que ella. Y d) por hacerme dudar sobre el tema. ¿Entendí lo que quisiste decirme? ¿Cuál es la diferencia ¨La palabra¨ y el lenguaje? Para el concepto palabra abarca todo.
Me encanta desentrañar, cuestionar, concordar y aprender. Gracias otra vez.
Abrazo largo, Gabriel
Perdón, Gabriel.
En el penúltimo párrafo debí decir: ¿Cuál es la diferencia entre ¨La palabra¨ y el lenguaje? Para mí el concepto palabra abarca todo.
ana
al margen del personaje que tiene la presentación con los visos de la realidad; la narración se descuelga con una maravilla buceo en la palabra,
de enagenación por pasionaria...
y "tu palabra" alza vuelo y se muestra tan multiplicada y mínima florecida sutil en el aire; tan balsa y roble,tan na ve ga da!!
que Nora Burgos entra al recinto convertida ya en musa y mito y uno solo puede al leer esto último decir :amén
valió la pena volver,ayer el segundo título me hizo perde este
cariños ,Mabel
Mabel, amiga en letras, me encanta que Nora Burgos te haya gustado. Es uno de mis cuentos favoritos, no por que sea bueno, es sólo por quererlo mucho.
Te dejé un mensaje en tu página.
Acá te dejo un abrazo
Ana:
este es un excelente trabajo. Tiene todo lo necesario para atrapar al lector. La "metamorfosis" de la profesora hacia niveles mas altos de inteligencia, que por fin quedan mas lejos de nuestra racionalidad, la búsqueda - y el encuentro - de respuestas ante preguntas profundas y por fin la resolución mágica, que aleja la vision fantasmal, brindando una aparición metafísica.
Me gustó mucho.
Saluti tanti
Senén
Por cierto, omití ponerte que para nada tenes que excusarte por tus opiniones, son bienvenidas.
En el caso especial del "fiambre" a la espera, quise ser irónico al poner lo de la espera. Le "sobra paciencia", eternamente, digamos.
Saludos amiga
Senén
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