Lo que me vuelve es el olor de la casa. No los olores sino ese olor imperativo, incomparable, como jamás volví a sentirlo. Olor a ingrediente de una combinación sólida, vigorosa. Semejante a salsa roja, a horno encendido, a fideos y vino del domingo. El olor me vuelve siempre mezclado con un filo de cuchillas.
Arrastro el escobillón por los rincones del departamento. Parece que estuviera barriendo pero sólo arrastro el escobillón, o él me arrastra a mí, no sé. Le cambio el agua a las flores, lavo sus tallos con cuidado para que duren unos días más. Suavecito paso una franela por los bordes, por atrás, por el frente del portarretratos y es extraño porque lo veo sonreírme tiernamente y no puedo devolverle la sonrisa.
Siempre decía que uno puede desprenderse del abrigo, de los zapatos, cambiar el auto, la marca de cigarrillos, reemplazar perro por gato; hacer todo eso sin nostalgia, sin emoción alguna, así, simple; con un gesto automático, como mantener en la mano, durante horas, el control del televisor, pero, mientras van cambiando los canales uno sigue estático con la certeza de que imágenes y sonidos seguirán desfilando inocuos, nulos, equivalentes a nada, sin transmitir satisfacción o dolor extremo. El dolor extremo es otra cosa, decía. Hoy siento que tiene ese olor mezclado que me vuelve. Cambiar de casa por ejemplo. Habitar otro espacio es un desgarro, cortaduras salvajes en el alma, puñaladas atroces.
El camión de las mudanzas hizo varios viajes. Me traje todo, aunque este departamento es minúsculo. Traje los floreros, la tierra de los últimos días sobre los muebles, el jabón de tocador usado, el chaleco de Vicente, las canillas de la cocina, los cerámicos del patio, la afeitadora de Vicente, la puerta del dormitorio, el cepillo de dientes de Vicente, no dejé ni la ramita de olivo reseca que me dio el padre Luís, bendición mediante, para protegerme de toda ausencia.
Apilé una cosa sobre otra. No hay lugar para moverse en la cocina y ya no hago fideos los domingos. A veces pasan varios días sin que haga nada de nada.
Lo mismo él me sonríe tiernamente y en vez de devolverle la sonrisa, con franela y un filo de cuchillas, le arranco la tierra que lo cubre.

13 comentarios:
Que angustia amiga:
me ha tocado vivir varias veces esas situaciones limite. El olor de los que no están retenidos en objetos intrascendentes que cobran brillo por los recuerdos retenidos en ellos.
Trasmite mucha soledad el escrito.
Hay gente que se queda en esa coyuntura, siguen viviendo entre recuerdos, se "secan" entre recuerdos, mueren por fin entre recuerdos. Y no es esa la solucion. Hay que darle a los recuerdos un sitio en lo mejor de nuestra memoria, pero siempre hay que seguir viviendo, aunque cueste.
Lindo escrito, que deja pensando.
Saludos amiga
Senén
(En lo que no estoy de acuerdo es en eso de cambiar asi como asi gato por pero o viceversa. Las mascotas son seres vivos parte de la familia, no se cambian como un mueble, ese es mi modo de pensar y obrar) (Obrar de hacer, no de lo otro... je)
Por cierto gracias por pasar por los blogger y dejar la firma. Eso es lo que todos deberíamos hacer. NOs da animos para seguir creando.
Saluti tantisimi
Trasmite mucha soledad. Demasiada. Inquietante.
Frente a la quietud del personaje último que está más allá, al que la tierra cubre.
Fortísimo abrazo
Senén, gracias por hacerte tiempo para pasar por aquí. Te cuento, tampoco estoy de acuerdo en cambiar perro por gato o viceversa, sólo es parte de una ficción, es darle más fuerza a lo que (dice el personaje) le cuesta cambiar. Quizás me equivoqué y debí buscar otras imágenes para eso, pero, salió así. Perdón si molesta. Beso grande, pero grande.
Persio, lo mismo, gracias por tu tiempo aquí y gracias por sentir lo que quise transmitir. de eso se trataba y me siento conforme, (aunque seguiré practicando, no creas que ya me siento una escritora, jeje)
Beso grande, grande de verdad.
Me ecantó esta faceta tuya...
Besos
Sigo con la firme intención de organizar los festejos “virtuales” del Día del Comentarista de Blogs.
Hasta hoy, a quienes le comenté la idea (que no fue mi idea, nació de un grupo de comentaristas concurrentes a “Orsai”) no aparecieron mas en la red bloggera; estoy preocupado!, quizás tenga en mi HD uno de esos textos malditos?; o somos presa de alguna confabulación internacional para silenciarnos?.
Por lo tanto, invito y desafío a todos los comentaristas valientes, ateos, desprejuiciados y por que no dementes desquiciados, a difundir la idea.
Les dejo el link, escucho propuestas.
http://15dejuniodiadelcomentarista.blogspot.com/
De eso se trata Ana!, que cada uno festeje como puede y quiere. Los que estamos muy lejos de Baires, virtualmente, para los que se animan, ya pasaran los datos donde se reunen.
Cambié el blogs, ahora está:
http://diainternacionaldelcomentarista.blogspot.com
Y también puedes postear enviando un correo a:
diadelcomentarista.anotar@blogger.com
ana
tiempos que no nos cruzamos unas cuadritas para leernos
me prendió mucho esto
porque como la mayoria hay en mi un cambio de casa no catalizado
pero en el texto además de este plasmartuyo tan trasmisor,se destacan los detallaes al psar como pequeños nucleos que enriquecen...como detalles dicho por ahí que van haciendo que el lector relleno la historia por su cuenta y ahí suma el valor agregado al cuento decir pero no decir todo para establecer una relación de complicidad con quienlo lee
mis cariños y gusto por andar de nuevo leyéndote
mabel
Mabel querida, qué gusto encontrar tu huella en este espacio.
Si te contara las intimidades de este cuento (totalmente ficticio) te reirías mucho como lo hice yo mientras lo escribía.
Es extraña la tarea de quien escribe, ¿no?, mientras me divertía iba creando una historia que nada tiene de graciosa.
Gracias por tus comentarios, siempre son expertos y acertados.
Un beso grande, Mabel, ahora paso por tu rincón
Me recreé en su relato, en su tristeza no exenta de una prosa poética (a mi juicio como lectora) llena de belleza. Todo cambio, produce un desamparo como es la mudanza de domicilio.
Reconozco que Argentina está llena de buenos autores. Me seguiré asomando a su blog.
Saludos desde España.
Paso rapidito a saludarlos, Rodolfo, achaval, Mabel: Gracias por estar.
d.o.r., pena que no tengas un lugar para ir leerte. Siempre devuelvo las visitas, además las agradezco. Un beso y gracias por tus palabras.
Pondré pronto otro cuento. Guau, me salió trabalenguas.
Hace días descubrí este espacio y me maravilló. No me atreví a comentarlo porque estaba intranquilo y triste. Esa cualidad de rozar las cosas, tocarlas una a una; las singularidad de los olores, no cuaquier olor y esa latencia del suceder, del acontecer, con sus tiempos superpuestos, ¡Ah! ¿no es suficientemente bueno?
Saludos
Vicente (no el del chaleco)
¡Fabuloso,Ana! Todavía mis ojos están con lágrimas que no he dejado salir libremente. Es que me he identificado con el personaje de tu cuento. Estuvo todo como "pintado". Lo que más me tocó, fué el nombre del personaje ausente. Mi otra mitad, se llamaba Vicente... El 5 de marzo va a ser un año que "partió", pero no lo recuerdo en el dolor, lo recuerdo en su faceta de buen padre, buen copmpeñero ¡mejor abuelo!...
Todo lo que has escrito parece real; ¡muy bién ficcionado!!!
Espero leer el verdadero origen del tal VIcente...
tengo humor y podría "imaginar" al "verdadero" personaje.
¡UN gustazo, Ana!!! Anird.
Vicente, querido amigo, hace tiempo no andaba yo por aquí, me encanta que te haya gustado mi texto. Ya pasaré por tu genial espacio de letras. Abrazo, hasta luego.
Amiga del nombre extraño, Anird, bienvenidísima. Será un placer contarte el verdadero origen de este cuento y de Vicente, pero no aquí. Lo haré en tu espacio, ¿querés? El 5 de marzo deberías celebrar el haber tenido para vos un hombre con tantas y tan buenas facetas. No creas que es tan fácil encontrar hombres así. Besos.
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